miércoles, 22 de septiembre de 2010

Eterno Reslplandor

Si pudiéramos hacernos a la idea de que nunca jamás en la vida hemos tocado agua,
y crecidos, con la conciencia (y la inconciencia) colmada de experiencias, alguna vez, casi por casualidad, tuviésemos la oportunidad de sentirla...
¿Nos daríamos cuenta entonces de su temperatura, su consistencia, su densidad o sólo percibimos esas características por comparación de nociones pasadas?
¿Está entonces, el agua fría o caliente de acuerdo a otras aguas mas calientes o mas frías que hemos sentido con anterioridad?
¿O depende en cambio (o a su vez) de la necesidad de sensación que tengamos en ese momento? Siguiendo con el ejemplo, si, por decir algo, tuviésemos frío o calor en las manos.
Expandiendo la idea, ¿medimos también con este paradigma la plenitud de la felicidad? ¿la intensidad del amor? ¿Acaso alguna vez lo sabremos o
estará la comparación de viejas experiencias siempre conspirando insidiosamente contra nuestras sensaciones actuales?

Y acomplejándolo, nuestra manera de verla esta afectada directamente por la necesidad de sentirlas de determinada manera?

¿En realidad, son estas experiencias y las sensaciones que nos traen una ilusión? Una necesidad de sentir. Una noción determinada por una comparación.
No puedo evitar pensar que es esto lo que nos ata a las primeras experiencias de un algo, lo que nos libera de algo que todavía no vivimos.
¿Cómo encontrar ese saludable punto medio entre aprovechar experiencias pasadas y vivir las nuevas como si fuera la primera vez? Un misterio. El apego emocional es un gran conflicto del ser.

Tal vez somos eternos prisioneros de nuestra memoria.


Salí de ahí, nene!



FELIZ PRIMAVERA!!!

(y salid a jugar a fuera...)

martes, 10 de agosto de 2010

Danzar...

Es hablar sobre el viento,
es sembrar ocasos en los labios,
pintarse los ojos para dentro
y respirar en las entrañas.

Es raspar el cielo con los dedos
y pararse al borde del infierno.
Es enroscarse las manos en el pecho
y versar lo impronunciable.

Es hacer movimiento en la quietud,
Es hacer sonido en el silencio,
Es hacer magia de la nada...

miércoles, 14 de julio de 2010

La memoria de los peces

Cuado somos chicos dudamos, imaginamos. Nos inventamos un futuro que improvablemente tengamos. Pero un futuro al que sin duda y con ansias, queremos llegar.
Cuando llegamos a grandes, recordamos, deseamos volver en el tiempo, intentamos entoncés desprender una fracción de lo que fue y traerlo fiel al presente.
Los tiempos modernos con su sorprendente tecnología, su globalización y sus ansias de medir hasta el tiempo y el espacio, nos ayudan a seguir creyendo la gran mentira de que la vida es abarcable, medible; que podemos releer viejas páginas de ese gran libro que llamamos vida.
Pero la vida es una sola hoja en blanco, una hoja que se renueva con cada comiezo, que se quema con cada fin.
Las páginas viejas no existen. Nunca existieron.
Si algo nos queda de lo que fue son las ganas de volver a elegir, de volver a sentir, de volver a vivir. Nos queda el conocimiento del ayer, la experiencia que solo nos sirve si la aplicamos hoy.
Nuestra mision se basa en escribir un nuevo día que cuente una historia, que demuestre un cambio, que nos robe una sonrisa, que nos haga crecer.

Somos más de lo que se ve, más de lo que ocultamos, más allá de nuestras posesiones, de nuestras habilidades, de nuestras vergüenzas, mas que nuestros sueños y nuestros miedos.
Somos mucho mas de lo que podemos imaginar ser.


Nuestra vida es nada mas que nosotros.

Y a la vez, somos inmensos.

No hay limites, para vivir.

viernes, 25 de junio de 2010

La ausencia

La ausencia.
Esa gran presencia de la nada. Esa fugitiva de la multitud. Ese grito del silencio. Esa mentira del espejo. La anónima protagonista de nuestra existencia.

No esta. No vino. Se fue.

¿Qué presencia tiene cada ausencia?
¿Dónde empieza y dónde termina?
¿Cuánto tiempo dura?
¿Qué presencia tiene nuestra ausencia?
¿Quién queda cuando no estamos?

"Ciega a Citas"
Capítulo 55



http://www.youtube.com/watch?v=oc4Pm6UjYX0

jueves, 10 de junio de 2010

Un montón de nada

Y vos Silvio preguntabas a donde van las palabras que no se dijeron??
Acá las tenes todas juntas..

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No sé si escuchás
o quizás ya no sirve de nada
(...)
NTVG - verte reir


Es dificil de entender. Aunque para el ojo ajeno no haya nada extraño, nosotros sabemos que en el fondo, la situacion es sordida, incoherente, un poco absurda.
Lo mas difícil de entender es que, después de tanto tiempo, no podamos hablar, no nos podamos abrazar, no podamos estar ahí para el otro. No podamos siquiera mantener una mirada por mas de diez segundos.
Pero te escribo. Porque escribir es tan liberador e intimo, tan calmo y genuinamente espontáneo. La perfecta armonía entre la celeridad y el sosiego, tan dependiente de uno mismo, que a veces paradójicamente, te acerca al otro.
Yo quisiera, como quien no tiene miedo al dolor, decirte que te extraño. Que extraño esos abrazos al alma que calmaban en cualquier situación, extraño jugar en el piso como chicos, extraño que estando acostados nuestras narices se acaricien casi por casualidad, extraño estar sentados en una misma silla en un mundo de asientos libres, extraño nunca estar lo suficientemente cerca, extraño que suene el teléfono y ya escuchar tu voz, extraño verte dormir, extraño reír hasta casi hacerme pis, y recordar y contagiarnos en una mirada y volver a reír. Extraño extrañarte.
Me encantaría decirte que te extraño, pero vos ya no sos vos.
Y cada día que pasa aprendo mansamente a callar, a guardar, a tragarme las ganas, la emoción, las palabras antes de que salgan.
Pareciera que la vida me enseña, poco a poco, a ser de esos que piensan antes de sentir, que siguen el orgullo antes del instinto, que priorizan la dignidad antes del impulso o la pasión. Que esperan siempre, que el otro de el brazo a torcer, que ceda, que pida perdón.
No soy así, no fui así nunca. Yo soy de esos que llaman, que lloran, que abren la puerta y salen corriendo, que admiten, que besan, que abrazan, que perdonan cuando el otro no pidió perdón, que dicen ‘Te amo’ aun sin tener la seguridad de tener como respuesta un ‘Yo también’.
Pero esta situación me supera, me paraliza. Me hace esperar que se diluya mi mente en el espacio, con el tiempo. Me hace imaginar un camino de baldosas amarillas en mi patio. Me hace ignorar que el tiempo es veloz. Y me hace escribirte, aunque este paralizada, aunque de nada sirva.
Y como epílogo de este caos de ideas, insisto en que lo más triste es que después de todo, no podamos nada, siquiera insultarnos una noche de alcohol, confesar esperanzas y dolores, y seguir el camino con una resaca inagotable del ayer.
Por eso y porque no quiero convertirme en la persona que siempre temí ser, porque me dí cuenta que simplemente, estoy enamorada del amor; yo me libero y confieso, te confieso, que a menudo extraño a alguien que no reconozco, que siempre que puedo busco algo que no encuentro en tu mirada, que muchas veces tuve muchas ganas de mandarte muy lejos, por abrirme una herida en el pecho, por ser el verdugo de quien pretendías ser. Pero hoy, particularmente hoy, solo te diría, Feliz cumpleaños.

Y que, aunque no queramos, lo neguemos o lo ignoremos, una parte de nosotros será siempre en el otro. Pero hoy, finalmente, vas a entrar en mi pasado... en el pasado de mis dias…






Si te regale la voz http://www.youtube.com/watch?v=SNEktQ6Z_uM

miércoles, 9 de junio de 2010

domingo, 6 de junio de 2010

Cosas que uno oye por ahí...

"Cuando uno decide que lo que sabe es más importante que lo que nos han asignado a creer, habrá cambiado el rumbo de su vida. El éxito viene del interior. Porque este, el éxito, es un estado mental. Todo lo que la mente puede concebir, se puede lograr. Todo lo que hemos experimentado lo hemos evocado anteriormente con el pensamiento, aunque sea de una manera leve, imperceptible, aparentemente irrelevante, hasta inconciente. La mayoría de las personas atraen las cosas, sin darse cuenta, de forma automática. Pero todo llega por lógica consecuencia.
Piensan que no tienen ningún control, pero hasta es fácil comprobar como han llegado a suceder cosas 'indeseadas' en nuestras vidas. Esto se debe a la falta de conocimiento y conciencia del poder del pensamiento. La falta de hábito y de práctica del alcance de este poder.
Es imposible tener malos pensamientos y sentirse bien, al mismo tiempo. Si se siente bien, entonces tiene buenos pensamientos. Puede conseguir lo que se proponga. No hay limites. Existe una sola condición: sentirse bien.
Si uno repara un poco en esto, y ve su situación actual: no es lo que ha deseado? "




domingo, 30 de mayo de 2010

"Hoy me pregunte"...

Sabes que? es un toque viejo, pero en fin, me prometi algo cuando hice este blog.

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Y caigo tanto que ya no distingo si es tropezón o es caída. Y caigo tan seguido que apenas noto si me levanto. Ya no se si me miento o solo me olvido.
Y me enojo. Como no puedo hacerlo con nadie más, lo hago conmigo misma.
Me enoja ver tu piel y sentir que la toco. Que la acaricio con mi mano, con mi cara. Que casi la confundo con la mía.
Ver tu sonrisa y darme cuenta, como pocos, si es una sonrisa ilusoria o si en tu risa se esconde la carcajada más espontánea.
Sentir tu olor y sentirlo en otro momento, en otro lugar.
Ver tus ojos, verlos más allá de verlos, casi hasta llegar a tus pensamientos.
Escuchar tu voz y escuchar otras palabras.
Me enoja aventurarme en un viaje solo de ida. Un viaje solo para uno. Un viaje que ya no es mío.
Me enoja escribir para nadie, hablar sola, gritar en el medio de la nada.
Recordar, eternamente recordar, y que en esta soledad tan vacía casi alcance.
Recordar las risas hasta los llantos, los llantos hasta los abrazos, los abrazos hasta las risas. Sin apuro, sin compromiso, sin culpa, sin explicaciones.
Me enoja que haya pasado el tiempo y que nada mejore, en todo caso que empeore o que se pudra en su inmovilidad. Que hayan dudas que van a vivir conmigo siempre, que van a haber cosas que nunca voy a entender, que van a haber palabras que siempre me van a doler. Me enoja haberme creído tanto que era lo mas real que existía en el mundo, me enoja no poder dejar de pensar.
Y con estos pensamientos metidos dentro de mí, con estas peleas internas, me enrosco y me confundo cada vez más.
Y tal vez, solo tal vez, una vez mas, vuelvo a caer.
.


Cuanto me cuesta aceptar que no pudimos ni hablar…

y espero que alguna vez puedas ver que te ame… que te ame.

.

viernes, 26 de marzo de 2010

Al borde de la Demencia

¿Cómo estoy? ¿Qué me pasa?
¿Qué tal mis cosas, mis asuntos del corazón?

¿Busca usted insidiosamente revelar esas respuestas recónditas del ser o lo pregunta de manera retórica y naturalmente convencional?

Optando por la primera, responderé.

Si pudiera elegir, Quiero estar con alguien.
Quiero la otra mitad del dúo, la media fruta,
la maldita costilla, el alma cuasi gemela.
Con el nombre que sea, quiero el amor puro e imperfecto en todas sus fases. Quiero una vida de pequeños momentos cotidianos de vivir através de alguien, de vivir con alguien,
de vivir por alguien.
Esa extraña sensación efímera, esa esquizofrenia que después se disuelve para que la vida siga su curso individualista. Para volver a aparecer otro día.
Quiero momentos de silenciosa complicidad. Quiero sentirme en los ojos del que me mira. Quiero creer conocer a alguien.
Quiero creer que me conoce. Quiero creer que mi vida no pasa desapercibida porque una persona, solo una, esta siendo testigo de ella.
No quiero saber si esta bien o esta mal.
No me importa analizarlo ni entenderlo.
Quiero de una vez olvidar lo feliz que era en mi inocente inexperiencia amorosa. Sin haber perdido a nadie, sin haber sufrido nunca un
'no te quiero mas'.
Pfff ¿Crecer me dice? ¿Quién quiere crecer, buscar nuevos horizontes, tener nuevas experiencias cuando eso implica abandonar algo que lo hace feliz? ¿Quién dijo que la evolución esta antes que la felicidad?
¿Quién respalda que todo cambio es para mejor?

Y ahora, sumida en esta circunstancia imponente de la vida, me niego a caer en la cotidiana desesperación en la que sobreviven los seres, tratando de convencerse con pretextos de compatibilidad incoherentes, con garantías absurdas de felicidad. Tratando de llenar el vacío que dejo algo tan profundo y ahora tan ausente que cuesta recordar que estuvo tan cerca.
Por eso, con este miedo de incidir en ese gran circulo vicioso y frecuente de capciosos idilios, me niego a vincularme estrechamente con alguien, hasta el bendito día, en que el amor me golpeé la cara, tan fuerte, que no pueda ignorarlo.

Usted me sentenciará de paradójica y contraproducente. Aún cuando se haya sentido identificado en el escrito. Me dará clases de Bucay y sobre la ley de atracción. Yo le agradeceré y admiraré desde lo ajeno su sentido común. Tal vez, admita que carezco de esa extrema objetividad y tratando de evadirlo, le contestaré: y sí, que quéres? la vida me dejo así... porque así también es ella.
Si, en cambio, usted me declara amante del drama, la melancolía y la victimización, yo le pediré que recuerde sus momentos, que seguramente los hubo, de extrema confusión. O me compadeceré de usted pensando que todavía no los vivió, y que es son tan dolorosos como ineludibles.
Y le pediré que se vaya, porque no quiero mandarlo a la mierda, y un poco porque tengo ganas de llorar y el llanto no sale.

Pero mejor no, porque pensándolo bien, no tengo puta idea de lo que quiero.
En cambio buscaba meramente desahogarme.

Gracias por preguntar.







http://www.youtube.com/watch?v=VTQlJPXVSwo


~L*

martes, 23 de marzo de 2010

Nunca más

Mañana se cumplen 34 años del ultimo golpe militar en mi país. Entre otras cosas, encontré esto, un cuento de Esteban Valentino que leyó él mismo en mi antiguo colegio hace algunos años y que me quedó grabado en la mente y en el alma, mientras me obligaba a apretar la mano de quien tenia al lado y a llorar mudamente.
Si tienen el tiempo no dejen de leerlo. Mas aun si no temen derramar mas de una lagrima y si tienen a alguien a quien apretar la mano cuando lo necesiten.



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Los pájaros mudos


Con dieciséis años recién cumplidos, el Físico desmentía dos cosas: su edad y su apodo. Tenía la cara de un pibe de trece y cuando le dijeron en el Centro de Estudiantes que tenía que elegir un alias porque en 1975 en Buenos Aires no era saludable andar por allí con su nombre verdadero, él se miró al espejo, tragó aire para inflar el pecho, dobló hacia arriba los brazos con su máximo esfuerzo para hacer nacer dos globitos de morondanga y dijo:
- Con este cuerpo privilegiado sólo pueden llamarme de una manera, el (y remarcó el artículo) Físico. Así que olvídense de Gastón Albiolea. Desde hoy, además de presidente del Centro de Estudiantes de esta escuela de cuarta soy.... ¡el Físico!
Todos se rieron y dijeron que además no estaba mal. Serviría para despistar a los grupos que insistían en correrlos a cadenazos gritándoles de todo pero sobre todo zurdos, mala -por no decir terrible- palabra en esos días. ¿A quién se le ocurriría identificar al número uno del Centro, el desde entonces temible Físico, con ese alfeñique que no llegaba a los 60 kilos y que encima usaba anteojos porque si no, no reconocía a su madre a dos metros?.
Todos se rieron y dijeron que además no estaba mal. Todos, hasta Lucía Nievas, que aprovechó para pensar que si se le sacaban los anteojos y se le desordenaba un poco el pelo, el Físico podía ser bastante pasable.
El año pasó rápido. Cuarto se pasa siempre rápido. Tal vez eso de ser la víspera del último de secundaria le dé un aire de listo se acabó ya terminamos. Quién sabe. Pero pasa rápido. Cuando uno se quiere acordar ya empezó noviembre y quien dice noviembre dice verano. Las materias no fueron un problema para el Físico. Dos a examen que fueron aprobadas en diciembre: matemática y literatura española. Nada serio. Lucía ni eso. Su pequeño cuerpo de cientocincuenta y cinco centímetros deliciosamente distribuidos en un exterior de bailarina de cajita de música albergaban el conocimiento desde siempre. Los saberes eran naturales en ella como las bromas en el Físico. No. Las materias no fueron un problema para ninguno de los dos.
El Centro de Estudiantes fue algo más complicado. Las cosas se fueron poniendo cada vez más difíciles y ya cerca de fin de año cualquier actividad era francamente peligrosa. Una noche, bordeando mediados de noviembre, se juntaron en el aula exterior que les habían dado en la escuela para que funcionaran. No faltó ningún delegado de ningún curso. De a uno fueron llegando el Tano, Bocón, Chelo, Gabi, Pili, Lucía (que se negó sistemáticamente a ponerse un apodo alegando que eso era para los chorros y que ellos no le robaban nada a nadie), Alemán, Quijote y Sancho (nombres perfectamente elegidos. Estaban siempre juntos y uno era alto y flaco y el otro era gordo y petiso) y el Che. Al final llegó el Físico y empezó la reunión.
Afuera hacía un calor que empezaba a ser pegajoso pese a que la noche se había instalado con autoridad. El Che, vicepresidente del Centro, abrió la charla:
- Esto se volvió bastante fulero. Los grupos de choque de la derecha ya nos dieron varias palizas y nosotros nos estamos quedando casi sin respuestas. A los chicos el trabajo en el Centro cada vez les da más miedo y la verdad que a nuestros viejos también. Para venir aquí yo tuve que mentir en mi casa y decir que iba a una fiesta en lo del Alemán, que no tiene teléfono y no pueden averiguar si es verdad o no. Y encima...
No pudo seguir hablando. Las luces del aula hicieron un leve parpadeo y la claridad se fue para siempre. La mano de Lucía buscó la mano del Físico en las tinieblas y allí él supo que sabía y que ella sabía que él sabía. Pero todo lo que pasó por su mente en ese instante iba a tener que esperar. Después se hablarían. Después, si había tiempo. Cuando vieron a las cinco figuras en sombras que avanzaban por el patio y vieron las siluetas de los palos que cargaban, el Físico no dudó y ordenó salir corriendo por la puerta que daba al campo de deportes. Primero las chicas, después los muchachos, el Físico al final. Mientras corría para dejar atrás los palos y el miedo, él pensó que esa noche ya no la vería a Lucía y que entonces las palabras que había imaginado cuando se quedaron sin luz iban a tener que esperar mejor oportunidad para salir al aire. Pero se equivocaba. Cuando llegó a la calle de las vías la vio recortada contra la luz de la luna y se dijo que esperar un corno, esperar un pepino y que además hablar para qué si lo que él menos quería en ese segundo cuando llegó junto a ella y la miró largo largo a los ojos era hablar y así, sin decir agua va ni agua viene le estampó un beso como para hacerle doler.
Y ella, cuando pudo separarse y respirar un poco hizo al fin lo que tantas veces había querido hacer: le sacó los anteojos y le desordenó un poco el pelo. Y después pensó que tampoco quería hablar, que ya estaba todo claro como esa luna enorme que los iluminaba y que dos pibes tan flaquitos y petisos como ellos bien podían edificar un un amor que tuviera muy poco de flaquito y petiso y quien sabe si tanto de pibe.

Se sabe. Bah, la historia lo sabe. El año no empezó bien. El 24 de marzo fue el Golpe y Lucía y el Físico tuvieron que acostumbrarse a oir hablar de los plazos del gobierno, de la guerra que vivía el país, de la salvación que llegaría más temprano que tarde. Y sobre todo tuvieron que acostumbrarse a no trabajar más en el Centro de Estudiantes, que la escuela cerró antes de empezar las clases. Lucía y el Físico se dedicaron entonces a prestarse atención a ellos, a construir su historia llena de asombros y descubrimientos, de estupores y dudas. Pero un día supieron que la realidad empezaba a cercarlos y no encontraron la manera de salir corriendo por la puerta que daba al campo de deportes. Sucede. La realidad suele ser más certera que cinco grandotes armados con palos. Pasó así. O sea, pasó que una tarde el Che no llegó a gimnasia.
- Te digo que lo conozco bien, Lucía -decía Gastón, ya recuperado su viejo nombre- y él no se perdería jamás una clase de gimnasia si el profe había prometido un partido. Hoy a la mañana andaba bien, así que enfermo no está. No sé, amor, tengo miedo.
- Bueno, no nos apuremos, que puede estar en cualquier lado. Vos sabés cómo es. En una de esas se fue con Alejandra a vagar por allí.
- Porque sé cómo es me preocupo. Ni Alejandra puede hacer que el Che se pierda un partido. Ojalá que haya pasado lo que decís pero yo siento como algo feo aquí en el estómago.
Lucía no tenía razón. El Físico sí. Dos días después el Ché seguía sin aparecer y ellos empezaban a vivir otra vida. Aunque todavía no lo sabían.

La clase de gimnasia que se había perdido el Che había sido un lunes, el primer lunes de un abril todavía cálido, todavía más fin de verano que comienzo de otoño. El jueves, Lucía y Gastón caminaban tomados de la mano por una calle cercana a la escuela. La hora de la siesta, los camiones llenos de soldados que pasaban a cada rato y el temor habían dejado a la tarde casi sin habitantes. La primera en darse cuenta de que algo no andaba bien fue Lucía. Miró para arriba y no vio ningún pájaro cantando sobre los árboles, ninguna paloma volando cerca de los tejados.
- Gastón, se callaron los pájaros.
- Pero estás vos, amor, que sos más hermosa que todas las aves del mundo, que las gaviotas de todos los océanos, que los papagayos más coloridos de todas las selvas, que las mariposas...
- Tonto... -. Le gritó ella riéndose mientras le tiraba un carterazo suave a la cabeza. Pero esta vez Lucía tenía razón. Lucía y los pájaros. Porque así, jugando a golpearse, a olvidarse del mundo de afuera, a descansar por un segundo del dolor que sentían por la ausencia del Che, no se dieron cuenta del auto grande, blanco, estacionado en la vereda de enfrente, con tres hombres adentro y que arrancó despacito, sin hacer ruido, en cuanto ellos pasaron.

La luz se reducía a una lamparita mortecina colgando lejana de un techo negro de hollín. Cuando el Físico pudo abrir los ojos notó que le dolía todo el cuerpo y que tenía una mancha de sangre seca justo encima de su ceja izquierda. Se sentó en el pedazo de suelo que le habían reservado, lleno de sobresalto y buscó a Lucía entre los bultos más cercanos que dormían acurrucados sobre sí mismos. Pero allí no había chicas. Recordó entonces que no podía asegurar que los hubieran llevado juntos. Eso lo tranquilizó. Tal vez lo habían traído sólo a él. Una bota parada delante de su línea de visión lo volvió al galpón semioscuro.
Vos, vení -dijo la bota. El fue.
Lo llevaron por un pasillo todo sucio que parecía interminable hasta algo parecido a una oficina y allí, detrás de algo parecido a un escritorio estaba alguien parecido a un jefe. Dijo que se llamaba simplemente “el Capitán” y que así debería nombrarlo cada vez que se dirigiera a él.
- Pero no, lamento decepcionarte, pero no soy el jefe. Apenas soy el que te va a mandar a....Por ahora a eso. A mandar. Después vamos a ver a dónde te puedo mandar. ¿Así que vos sos el famoso Físico? Gracioso el nombre que te buscaste.
- Señor -empezó a decir Gastón...
- Capitán -lo corrigió el hombre.
- Bueno, Capitán. Yo no creo que sea famoso. Creo que están equivocados.
- No, pibito. Que algo te quede claro desde ahora. Nosotros no nos equivocamos nunca. Vos son el Físico, alias Gastón Albiolea, presidente del Centro de Estudiantes de una escuela que vos mismo definías como de cuarta y que desde hace unos meses sale con Lucía Nievas. Como ves, no estamos equivocados. Ahora andá, volvé a tu pabellón que ya nos vamos a volver a ver. Ah, a partir de ahora sos 179. Cada vez que oigas este número vas a tener que pararte y hacer lo que se te ordene. Olvidate de Gastón, de Físico y de la mar en coche. Lo único que tenés que recordar es ese número, 179. Llévenlo.
Gastón se pudo parar sin que lo agarraran, se acercó a la puerta pero antes de irse quiso sacarse una duda.
- Se...eh...Capitán...
- ¿Qué pasa, 179?
- Lucía...estaba conmigo...
- Sí. También está aquí. En otra parte.

Recién pudo verla dos semanas más tarde. Las excesivas demostraciones de afecto estaban prohibidas en aquel lugar pero no les importó. Se abrazaron como locos y rodeados por los demás prisioneros para ocultarlos a miradas ajenas se besaron como para que la eternidad se pusiera celosa. También a ella la habían golpeado desde el día aquel de los pájaros pero su cuerpito de cientocincuenta y cinco centímetros había demostrado ser más enérgico de lo que ella pensaba. Ahora hacía varios días que nadie la tocaba. Habían llegado nuevas prisioneras que requerían toda la atención y además Lucía no era demasiado importante.
- Me preguntaban todo el tiempo por vos, amor. Por vos y por el Centro.
A partir de ese pudieron verse casi todos los días. Empezaron a aprender los códigos de la telaraña. Y supieron que sesión era tortura, que visita era llegada de nuevos prisioneros y sobre todo que traslado era el final, o sea la palabra más temida. Pero también descubrieron que podían engañar a la telaraña y robarse segundos para ellos. En esos momentos sólo se miraban como queriendo entrar por los ojos del otro y dejaban que las manos recorrieran el cuerpo amado sin censura. En esos días sin mañana decidieron fabricarse un porvenir privado, que no tuviera nada que ver con los presagios que venían de la oscuridad que los rodeaba.
- - Vamos a tener dos hijos. No, tres -decía él.
- Y vamos a estudiar las carreras que más nos gustan: vos veterinaria y yo bioquímica -decía ella.
- Y vamos a mirarnos así como ahora pero en una casa que va a estar junto al río- decía él.
- Y la casa va a tener un árbol enorme que le dé sombra a todo el jardín, que va a tener el pasto cortadito y una hamaca paraguaya -decía ella.
Así se pasaban horas, creando todas las variantes posibles del futuro que se regalarían en cuanto volvieran a la calle de los pájaros callados.
-Que de paso ya no van a estar nunca más sin cantar-. decía ella.

Pasó el tiempo.

Y un día fue 29 de junio. Un día como ese, pero hacía 16 años, Lucía Nievas había llegado al mundo. Era su cumpleaños.
Todo el día anterior estuvo Físico rompiéndose la cabeza, buscando un regalo que le revelara a ella todo lo que se le revelaba a él cada vez que tenían sus fiestas de miradas. Cerca de la medianoche tuvo una iluminación. Tomó una hoja blanca, grande, que había encontrado unos días antes y fue pidiendo por todo el galpón, susurrando para que no lo descubrieran, lápices de colores. Después se puso a trabajar. Terminó cuando empezaba la madrugada, hizo un rollo con su obra y lo escondió entre las mantas que le servían de colchón.
A la mañana del 29 el lugar se llenó de revuelo, miedo y presentimientos. Por primera vez desde que estaban allí reunieron a todos los hombres y mujeres, los chicos y chica que repletaban los galpones.
- Lucía no podía decirle a nadie que era su cumpleaños y sobre todo no podía decirle a Físico que si a la tarde pudieran estar diez minutos solos, ella sería casi feliz. Estaban en el mismo patio cerrado pero muy lejos uno del otro. El Capitán se paró en un extremo con un micrófono y dijo lo que nadie quería escuchar. Lo dijo corto, seco. Lo dijo sin retorno.
- Lo que sean nombrados preparen sus cosas. Van a tener un traslado.

Y empezó la lista: 26, 37, 141, 145, 146, 147, 164, 172, 179... Físico sintió que las piernas se le caían, que le nacían unas enormes ganas de vomitar y empezó a llorar sin ruido. Pero apoyándose en un tipo grande que lo sostuvo logró seguir de pie, sobre todo cuando se saltearon el número de ella. Se dijo que al menos Lucía volvería a oir sus pájaros cuando dejaran de ser mudos y se dijo que antes de ir hacia la fila de los trasladados tenía algo que hacer. Aunque estaba prohibido, cruzó todo el patio y se instaló delante de las lágrimas de ella, que eran también su homenaje, su despedida más amada, su adiós de los ojos, el rincón de ella que mejor lo iluminaba. Y Físico, alias Gastón Albiolea, le dijo a Lucía Nievas, su niña mujer, antes que los guardias que corrían hacia ellos pudieran impedirlo.
- Haceme dos favores:....

La primera patada lo tiró al piso...

-...viví…

... la siguiente le dobló el estómago a Físico, el presidente del Centro, pero desde el suelo sucio pudo mirarla por última vez a los ojos y decirle el segundo favor que necesitaba que ella le hiciera...

- ....y fijate en mi colchón.

Lucía no paró de mirarlo mientras lo llevaban, sintiendo que adentro se le quemaba la garganta, el estómago, las piernas. Comprendió que en esa mañana de su cumpleaños toda ella se había convertido en una gran herida interminable.

Después dieron la orden para que todos volvieran a sus lugares, a sus mantas tiradas, al escaso territorio que les correspondía en la telaraña. Pero antes de ir a su pabellón, Lucía se escabulló hasta el lugar donde Físico dormía. Y pudo encontrar a través de ese agua persistente que no dejaba de nacerle de sus ojos, un rollo de papel que escondió entre sus ropas para irse hasta su pequeño lugar en el mundo. Esa noche, con sus pupilas más necesitadas de él que nunca, más exigentes de la mirada de Gastón, desenrrolló la hoja blanca y grande que Físico había encontrado. Era una especie de cuadro, con una dedicatoria. Arriba decía : para los ojos, que ven por mí, feliz cumpleaños, Físico.

Y abajo estaba el dibujo de un árbol enorme, que llenaba de sombra a todo un jardín con pasto cortado y una hamaca paraguaya y en las ramas más altas del árbol varios pájaros que estaban unidos con líneas a una inscripción, sólo tres palabras, sólo trece letras garabateadas con lápiz negro: ESTOS SÍ CANTAN.








http://www.youtube.com/watch?v=wGl-fQxMY9E

"con la emoción apretando por dentro"...

~L*

jueves, 18 de marzo de 2010

Si se sabe mirar...


"Tienen los espejos ese poder hipnótico que nos paraliza dejándonos absortos frente a nuestro reflejo. Quizá en ese empeño por reconocer en la imagen que nos devuelve al tipo que convive con nosotros, que comparte los perjuicios de nuestras decisiones,
la recompensa de nuestros aciertos." Ismael Serrano.




Estamos acostumbrados a ver el reflejo como el fiel equivalente de lo que esta del otro lado.
Nos olvidamos (o acaso nunca supimos) las incontables variables que se pierden entre el incognito viaje que teletraporta a la imagen de un lugar a otro. Nos olvidamos de la sorpresa que de chicos nos atrapaba. Nos olvidamos que en algun momento supimos que en vez del reflejo idéntico, lo que veíamos era la imagen opuesta.
De la misma manera, cuando amamos, nos creemos el reflejo de la otra persona. Creemos entenderla. Creemos acompañarla, sentir su alegria, vivir su dolor. Creemos saber que siente, predecir lo que piensa. Creemos conocerla.
Aún cuando en un principio sabiamos como eran las cosas, nos limitamos a ver la compatibilidad, la identificación, en vez de los desacuerdos y las diferencias.
La vida (o el álter ego futuro de nosotros mismos) se empeña en demostrarnos que no es asi. Que lo que damos por sentado, cambia. Que lo que creiamos conocer, se revela. Que nos equivocamos eternamente. Y esta bien que asi sea.
Porque qué triste, y hasta tragico, resulta que tantas veces nos privemos de ver un mundo inédito. De vivir cosas mégicas escondidas en la cotideaneidad mas accesible. De soprendernos con lo que siempre estuvo ahí. De leer lo que ya leímos, como si fuera la primera vez.
Aprendiendo que el reflejo de lo viejo puede parecer muy igual, pero ser algo nuevo,
si se sabe mirar.

~L*

domingo, 28 de febrero de 2010

Un pasado sin futuro

Un dolor de cabeza,
Un sueño sin analizar,
Una canción de Sabina,
Una  lista eterna de deseos,
Un recurrente punto de comparación,
Un encuentro imaginario en cualquier excusa tonta,
Una mariposa de antenas rotas que prófuga de este estomago,
Unos ojos rojos, un cuarto celeste pintado de blanco,
Un recurrente enriedo de nudos en la garganta,
Un anillo encontrado al azar,
Una sonrisa por conveniencia,
Una mirada complice,
Una inspiración de insomnio,
Una caja de hermosos recuerdos que hielan el alma y que no se tiran
pero que poco a poco, se llena de polvo...




No me acuerdo la fecha, pero que mas da.

miércoles, 13 de enero de 2010

Para salvar a un gran amor

Cuentan que érase una vez, hace mucho tiempo, que existió una isla donde habitaban todos los sentimientos.
Un día, la sabiduría les aviso a todos los habitantes de la isla que la misma se iba a inundar en poco tiempo y que buscaran los recursos y la manera de salir de allí.
La intuición le dio la razón, pues en ella había mucha seguridad de que las palabras de la sabiduría eran ciertas. La inteligencia fue la más rápida en buscar una solución y se marcho casi sin mirar atrás. La perfección busco las mejores cañas y las ligas más fuertes para crear una balsa más que resistente. La ansiedad se puso a gritar y a correr en círculos sin hacer algo demasiado productivo.
Todos los sentimientos se apresuraron a salir de la isla en sus barcos y se prepararon para partir.

Pero el Amor no. El quería quedarse. Se negaba a abandonar a la isla en la que había crecido, en la que había vivido tanto y que tanto amaba.
El agua comenzó a ascender, poco a poco, y el amor comenzaba a ahogarse, mientras todos los sentimientos, de una u otra manera, se preparaban para salir de la isla.
Cuando por fin el agua estaba apunto de tapar del todo al Amor, este comenzó a pedir ayuda.
Pasó la Codicia quien al pedido del amor contestó:
- No puedo, hay mucho oro y plata en mi nave, no hay espacio para ti.
El amor vio también al Egoísmo, quien al pedido del amor refutó:
- La verdad es que mi balsa esta diseñada para uno solo. Si vos te subes existe una posibilidad de que alguno de los dos se caiga o se hunda y como puedo ser yo, prefiero no arriesgarme.
Justo pasó también la Vergüenza entonces el amor le pidió ayudo, pero ella contestó:
- No la verdad es que no lo había pensado y yo tengo que prepararme para estar cosas. Es un viaje muy largo y no voy a saber de que hablar. Además me vas a ver desde muy cerca, todos mis defectos y hasta el más mínimo detalle. No se si pueda soportarlo.
Entonces, el Amor le pidió ayuda a la Vanidad:
- No te puedo ayudar, estás mojado y vas a arruinar mi perfecto bote.
Le pidió ayuda a la Tristeza que también venía pasado:
- Perdóname amor, estoy tan triste por separarme de mi isla que prefiero ir sola. - Respondió la Tristeza.
También pasó la Alegría, pero estaba tan contenta y risueña que ni tan siquiera oyó al Amor gritar en su ayuda.
Justo el Amor vio pasar a la Indecisión quien dudo:
- Ay, no sé, amor! Puede que a alguno de los dos les pase algo. ¿No existe otra manera de que te salves?
- En este momento, lo dudo mucho.
La indecisión pensó por un largo rato, pero para cuando se decidió el agua la había arrastrado muy lejos y ya era tarde para que el amor se suba con ella.
Desesperado, el Amor comenzó a perder las esperanzas, miro por última vez su isla y se rindió mientras poco a poco comenzaba a morir. Entonces paso un señor muy viejo, canoso, de barba abultada y bastón. Parecía un poco débil pero con firmeza le dijo:
- Ven conmigo Amor, yo te puedo llevar.
El Amor estaba tan feliz que se le olvidó preguntar su nombre y al llegar a tierra firme, se encontró ésta con la Sabiduría y le preguntó por el nombre de ese viejecito.
La Sabiduría respondió de manera tranquila:
- Es el Tiempo.
- ¿El Tiempo?, ¿Y Por qué solo el Tiempo me ha querido ayudar? - Preguntó el Amor.
- Porque solo el Tiempo es capaz de salvar a un gran Amor.