y crecidos, con la conciencia (y la inconciencia) colmada de experiencias, alguna vez, casi por casualidad, tuviésemos la oportunidad de sentirla...
¿Nos daríamos cuenta entonces de su temperatura, su consistencia, su densidad o sólo percibimos esas características por comparación de nociones pasadas?
¿Está entonces, el agua fría o caliente de acuerdo a otras aguas mas calientes o mas frías que hemos sentido con anterioridad?
¿O depende en cambio (o a su vez) de la necesidad de sensación que tengamos en ese momento? Siguiendo con el ejemplo, si, por decir algo, tuviésemos frío o calor en las manos.
Expandiendo la idea, ¿medimos también con este paradigma la plenitud de la felicidad? ¿la intensidad del amor? ¿Acaso alguna vez lo sabremos o
estará la comparación de viejas experiencias siempre conspirando insidiosamente contra nuestras sensaciones actuales?
Y acomplejándolo, nuestra manera de verla esta afectada directamente por la necesidad de sentirlas de determinada manera?
¿En realidad, son estas experiencias y las sensaciones que nos traen una ilusión? Una necesidad de sentir. Una noción determinada por una comparación.
No puedo evitar pensar que es esto lo que nos ata a las primeras experiencias de un algo, lo que nos libera de algo que todavía no vivimos.
¿Cómo encontrar ese saludable punto medio entre aprovechar experiencias pasadas y vivir las nuevas como si fuera la primera vez? Un misterio. El apego emocional es un gran conflicto del ser.
Tal vez somos eternos prisioneros de nuestra memoria.

